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Abril 2010

Una cesta de la compra sostenible

Cada producto deja una huella social y ambiental.  De ahí la importancia del papel que juega el  consumidor. Productos  locales, de temporada, agroecológicos,  de comercio justo… ganan protagonismo día a día.

A la hora de comprar no da lo mismo optar por un producto u otro ni guiarse por cualquier parámetro. El café que bebemos o el chocolate con el que nos damos un capricho pueden haber llegado a nosotros gracias a mano de obra infantil, procesos contaminantes o pesticidas peligrosos. Cada producto o servicio que consumimos tiene unos efectos, deja una huella social y ecológica. Por ello, importa de dónde viene. Para ser consumidores responsables hemos de tener en cuenta esas repercusiones a la hora de elegir entre las distintas opciones. Siempre, eso sí, después de hacernos la pregunta clave: ¿realmente necesitamos lo que vamos a comprar?

Según la Declaración oficial de Naciones Unidas con motivo de la Cumbre de la Tierra de 2002 una de las “principales causas de que continúe deteriorándose el medio ambiente mundial son las modalidades insostenibles de consumo y producción, particularmente en los países industrializados”. Es preciso revisar esos modelos insostenibles y recurrir a un modelo de consumo responsable.

El consumo responsable supone una elección de los productos y servicios atendiendo no sólo a criterios de precio y calidad, sino también de impacto ambiental y social, así como de pautas de conducta de las empresas que los elaboran. Además, implica consumir sólo lo necesario, evitando el consumismo compulsivo y asumiendo que todos somos responsables de los impactos sociales y medioambientales de la producción. En definitiva, el consumo responsable supone optar por productos que valoran la justicia social, la ética, la solidaridad y la protección del medio ambiente.

No debemos infravalorar el papel que el consumidor juega con sus elecciones en el mercado, ya que su capacidad de compra es un instrumento de presión que le permite premiar a unos y castigar a otros, exigir información completa sobre los productos y fomentar el cumplimiento de ciertas garantías sociales, laborales y medioambientales.

 

Las mejores opciones a la hora de consumir son los productos locales, ecológicos y de comercio justo. Apostando por productos frescos y naturales de temporada, de productores locales y con mínimo embalaje estamos evitando aditivos químicos necesarios para la conservación, ahorramos energía en transporte y reducimos el volumen de residuos. A través del comercio justo, tenemos la garantía de que el productor recibe un salario digno, que su comunidad recibe parte de los beneficios, evitamos la explotación infantil, fomentamos la igualdad de género y la protección del medio ambiente.

Ecoalimentos: el sabor de lo auténtico


Son pocos los productos que pasan el filtro ecológico. Según la Comisión Europea de Agricultura “la agricultura ecológica es un sistema de producción agrícola que proporciona al consumidor alimentos frescos, sabrosos y auténticos al tiempo que respeta los ciclos vitales de los sistemas naturales”. Los productos ecológicos se basan en prácticas que minimizan el impacto humano sobre el medio ambiente, como la rotación de cultivos, el abonado orgánico, la limitación del uso de pesticidas sintéticos y antibióticos para el ganado, selección de especies vegetales y animales resistentes a enfermedades y adaptados a la región, la cría en espacios abiertos y el aprovechamiento de los recursos cercanos a la zona.

Por estos productos apuestan cada vez más consumidores, lo que se traduce en aumento de alimentos con etiquetas de certificación en los supermercados. De hecho, la Unión Europea acaba de aprobar el símbolo que distinguirá a estos productos, la eurohoja, obligatoria para los productos eco europeos.

A nivel mundial, en 2009 se gastaron 51.000 millones de dólares en consumo de productos ecológicos –26.000 millones corresponden a Europa, 23.000 a EE UU, 950 a Asia y otros 950 al resto del mundo– derivados de los más de 35 millones de hectáreas destinadas a esta actividad, explotadas por casi 1,4 millones de agricultores.

Según la UE, el mercado de los productos ecológicos crece entre un 10% y un 15% anual, habiendo pasado de suponer el 0,5% de los productos en 1997 al 4% de 2006.

Sin embargo, y a pesar de que España lidera el ranking europeo de producción, España aún está lejos de los principales consumidores europeos: Dinamarca (6,7%), donde destacan las ventas de leche y derivados lácteos, huevos, pan, cereales y verduras; Austria (5,3%); y Suiza (4,9%), donde se han incrementado las ventas de carne y verduras. En 2009, las ventas de productos ecológicos certificados con la marca CAAE (asociación que promociona los productos ecológicos en España y que cuenta con más de 9.000 miembros) en Suiza se incrementaron un 64% con respecto a 2008. El consumo interno es uno de los grandes retos del sector en España, ya que el 85% de la producción ecológica se exporta. A pesar de la crisis económica, la agricultura y la ganadería ecológica amparadas por CAAE en nuestro país, han experimentado un considerablemente aumento en superficie, cerrándose 2009 con 790.990 hectáreas (un 9,65% más que en 2008) y 752 nuevos operadores (un 9,42% más).

 

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