Teresa Ribera - Directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París

“El Protocolo de Kioto era vinculante y aquellos que pensaban que no iban a cumplir simplemente no firmaron o se fueron”

No hay nadie en España que se mueva mejor por el laberíntico proceso de las negociaciones climáticas que Teresa Ribera. La que fuera Secretaria de Estado de Cambio Climático entre 2008 y 2011 ha participado en casi todas las cumbres mundiales del clima desde 2001 y hoy sigue la cuenta atrás hasta la decisiva conferencia de diciembre de 2015 en París justamente desde Francia, como directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI). A su vuelta de la última Cumbre del Clima de Lima, cerrada de nuevo con un acuerdo de mínimos, Ribera pide cautela a los que critican estas conferencias. Pero al mismo tiempo considera necesario que se muevan otras fichas fuera del tablero de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

¿En qué situación están las negociaciones para llegar en París a un acuerdo que sirva realmente para frenar el cambio climático?

Existe una voluntad de todos los países de participar en el esfuerzo global por el clima. Todos dicen sí a contribuir (en los primeros meses del año tienen que aportar su contribución nacional) y todos dicen sí a la adopción de un acuerdo en París. Sin embargo, se están discutiendo todavía cuestiones muy elementales para ese pacto a largo plazo. Todas las partes mantienen sus posiciones abiertas en lo que respecta a la visión de conjunto de cómo acabará armándose el acuerdo y seguramente sea así hasta el último minuto en París.

¿Y es posible un acuerdo en París?

Yo creo que sí, todavía da tiempo. Pero va a ser un año muy intenso.

¿Resulta fiable un acuerdo cuyos compromisos no sean jurídicamente vinculantes?

El que el acuerdo sea jurídicamente vinculante es muy importante para la Unión Europea, para los países africanos, para los pequeños estados insulares. Se entiende que si dispones de un texto contractual está más claro qué se va a hacer en el futuro. Sin embargo, la realidad pone de manifiesto que esto puede ser así o no. El Protocolo de Kioto era jurídicamente vinculante y aquellos que pensaban que no iban a cumplir simplemente no firmaron o se fueron, como ocurrió con Canadá. Para París, lo que resulta fundamental es consolidar las herramientas que garanticen que ese proceso se acelera dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, pero que también es coherente fuera de la Convención. A mí no me sirve de nada que dentro de la Convención todos seamos muy buenos y que luego los sistemas financieros, los sistemas energéticos, los sistemas de transporte, los sistemas de uso de suelo vayan en otra dirección totalmente diferente. Hay que ganar coherencia fuera.


¿Qué hay que conseguir en París?

Los franceses dicen que en París se necesitan cuatro grandes piezas: un acuerdo que dure en el tiempo, las contribuciones nacionales de cada país, un paquete financiero y una agenda de soluciones. El acuerdo debe contener los principios, los sistemas de seguimiento y transparencia, o los mecanismos para reactivar el proceso. Las contribuciones nacionales tienen que enriquecerse e ir evolucionando conforme lo hace la tecnología, la situación de los países, la disponibilidad de los recursos… Lo que se denomina el paquete financiero debe servir para que se produzca un cambio total en el paradigma de las inversiones. Esto tiene que ver con la transparencia y la intensidad de carbono, con los riesgos climáticos, o con la disponibilidad de recursos y herramientas de financiación. Por último, hay que ofrecer un contexto, lo que ellos llaman la agenda de soluciones, donde no solamente cuenta la acción de los gobiernos, sino la de muchos otros actores. Estas son las cuatro grandes patas en las que hay que avanzar, aunque no todo tiene que acabar de perfeccionarse en París. Se puede orientar para desarrollar después.


¿Cómo se consigue transformar nuestra modelo de desarrollo?

Hay que pensar cómo es leído todo este proceso de forma que resulte convincente o no. Cómo lograr que los que deciden sobre inversiones o sobre políticas a la salida de París digan: ‘Está clarísimo, esto se ha activado ya y hay que ir a toda pastilla’. ¿Qué se necesita para resultar convincentes? Por ahora se está insistiendo en el precio de carbono… Este es un mensaje fuerte, pero por sí solo no basta. Necesitamos generalizar un sistema de valoración de riesgos distinto que incorpore riesgos climáticos y de intensidad de carbono, o ser más transparentes en materia de costes y beneficios, o facilitar instrumentos financieros y fiscales coherentes con lo que necesitamos... Alinear políticas.


¿Pero si la clave es transmitir credibilidad las cumbres del clima no están consiguiendo justo el efecto contrario?

Hay que ser cuidadosos cuando se afirma que la Convención no sirve para nada. Eso es lo que decían los que no querían que esto avanzara. Muchas veces es más fácil generar la profecía del desastre. Sin embargo, en muchos aspectos resulta todo lo contrario.  El que la Convención exista es importantísimo. Es un foro donde hay una visibilidad de conjunto y donde pueden participar todos. Si no volvemos al error de Copenhague [la Cumbre Mundial del Clima de 2009], donde se pensó que bastaba si se ponían de acuerdo los grandes. Yo no quiero un mundo donde las cuestiones globales se resuelvan por la ley del más fuerte. Es peligroso decir que esto es un desastre que no sirve para nada. No es verdad. Tiene su complejidad el que 192 países se pongan de acuerdo en cómo abordamos una acción de conjunto para transformar nuestro modelo de desarrollo seguido hasta ahora. Si tomamos un poco de distancia, hace cuatro años se consideraba que solo debían contribuir al esfuerzo global por el clima los países industrializados. Esto ya no es así.


¿La obligación en el marco de Naciones Unidas de llegar a consensos entre casi 200 países no complica las negociaciones hasta el absurdo?

Esto tiene que cambiar en Paris. La Convención debe pasar de ser un proceso del mínimo común denominador, que es lo que hemos tenido hasta ahora, a otro que facilite mucha más la acción. Y a lo mejor en formatos desiguales. O a distintas velocidades. Porque no todo el mundo está preparado para hacer lo mismo. Esto es pasar a un sistema en el que se acuerden unas reglas y luego las partes que lo deseen puedan ir más lejos. Si incentivamos envidia positiva, si incentivamos confianza, se puede acelerar el proceso. Evidentemente, tiene que haber un mínimo común denominador, pero también herramientas que permitan ir a más. Puede ser una alianza del G7 o del G20 para la eliminación total de los subsidios a los combustibles fósiles. Eso es imposible conseguirlo a 192.


¿Hacen falta entonces otras vías al margen de la Convención?

Hay que evitar caer en la trampa de considerar que la Convención tiene que resolverlo todo y que no hace falta que hagan nada los demás. La Convención puede dar señales, pero las cosas tienen que ocurrir fuera también. Hay muchas más vías: el G20, el G7, la cooperación regional, las uniones sectoriales…. A mí me parece, por ejemplo, que este es un asunto suficientemente importante para contar con una implicación política de una cumbre de líderes del G20 o del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, dado que se trata de un problema de seguridad importante para el mundo. ¿Esto significa que condiciona la Convención? No, significa que le da más alas y que facilita el que haya una respuesta coherente por parte de los negociadores y por parte de los ministros responsables. Ahora, esto no me vale si al final son los más grandes los que deciden lo que quieran.

“Hay que pensar cómo es leído todo este proceso de forma que resulte convincente o no. Cómo lograr que los que deciden sobre inversiones o sobre políticas a la salida de París digan: ‘Está clarí- simo, esto se ha activado ya’”.


¿Es consciente la sociedad de lo que está en juego?

La opinión pública acepta que esto es ciencia y hay un medio entendimiento de que tiene que ver con el modelo de negocio a medio plazo. Sin embargo, cuesta mucho que la gente entienda que esto son políticas que inciden en su bienestar.


¿Cómo ve el proceso climático alguien que ha participado en tantas cumbres?

Ha habido un proceso de maduración. Se ha pasado de una etapa de euforia entusiasta pero muy sectorial, básicamente en la que iban solamente los expertos convencidos, a otra en la que se toma conciencia de que esto tiene una trascendencia económica y de desarrollo brutal.


¿Y cómo ve el desenlace?

Se tiende a ver las cumbres del clima como una especie de partido en el que se gana o se pierde en función de si se logran acordar unas cifras concretas. Esto ya no es así. Lo que hay que activar es un proceso de transformación transversal a lo bestia. No bastan con cifras de un día.           

Clemente Álvarez

Equipo y patrocinadores