Lima le fía el clima a París

La cumbre peruana celebrada el pasado mes de diciembre abre la puerta a un tratado que por primera vez alíe a países ricos y pobres contra el cambio climático. Pero deja en mínimos el acuerdo para lograrlo en la cita de París que tendrá lugar a finales de año.

36 horas. Es lo que se prolongó de más la cumbre del clima de Lima, la cita a la que estaban emplazados 194 países el pasado diciembre en la capital peruana para arrancar un acuerdo que ofrezca alguna pista concreta de qué hará exactamente cada Estado para limitar el cambio climático. “No habrá París sin Lima, estamos cerca de un acuerdo. No me dejen solo”, imploró a lo largo de la última noche de negociaciones el ministro de Medio Ambiente peruano, Manuel Pulgar-Vidal. Sin embargo, el tiempo robado a las dos semanas habituales de estas enrevesadas negociaciones a innumerables bandas no sirvió de mucho. Hay consenso en decir que, una vez más, en Lima se alcanzó un “acuerdo de mínimos”, según la ya tradicional jerga de los observadores climáticos, es decir, que los países se quedaron muy lejos de lograr el objetivo que se habían marcado.

¿Qué debía acordarse en Lima? En palabras de Laurence Tubiana, la embajadora de la cumbre de París que cogerá el testigo de Lima en diciembre de este año: “Necesitábamos una decisión para describir lo que será la contribución de los países, de todos, antes de finales de 2015, de preferencia en el primer trimestre del año. Ahora ya la tenemos, y eso es algo histórico, el hecho de que la reducción de emisiones no se limite a los países desarrollados y todo el mundo se sienta responsable de lo que pasa”. Hasta ahí, otros observadores coinciden en el avance que supone un paso así, pues es tanto como reconocer por primera vez que el cambio climático es un desafío mundial y de todos, pero no comparten el optimismo de esta experta en política y fundadora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París.

Efectivamente, la nueva hoja de ruta intentará sellar los compromisos de ricos, emergentes y pobres. Sin embargo, la ambigua declaración final con la que los delegados abandonaron Lima marca que solo deberán precisar, cuantificar y poner un calendario a sus objetivos de reducción de emisiones “aquellos que puedan”. París arrancará con la indefinición.

“De Lima debía salir una base de quién debe hacer qué para después de 2020, fijar el plazo en el que se pondrán en marcha esos objetivos y un calendario para revisarlos. Sin reglas comunes, no se puede saber dónde está cada país ni comparar. El problema es que no se ha logrado un compromiso para cifrar esos objetivos, y así resultará imposible conocer cómo evoluciona cada cual respecto al cambio climático”, como resume el responsable de la campaña de Energía de Greenpeace en Francia, Sébastien Blavier, quien asistió a la cumbre peruana.

Y aquí está, justamente, el talón de Aquiles de las próximas negociaciones en París, pues lo que allí estará en juego es si dentro de un marco internacional que se quiere vinculante, se obligará a los países a fijar objetivos concretos en sus propias legislaciones nacionales, o si solo deberán informar de sus avances dentro un calendario que aún está por definir. Tubiana lo explica así: “La discusión hoy sobre la naturaleza jurídica del acuerdo es si las primeras cifras en 2015 serán internacionalmente obligatorias o no, para respetar el objetivo de dos grados de temperatura. Por el momento, hay dos versiones: los países que dicen sí a la obligación de transponer lo que se decida en el tratado internacional en cada Estado, y otros que dicen ‘no puedo aceptar eso, pero sí un acuerdo que me obligue a tener una política de adaptación y dentro de un determinado tiempo digo qué voy a hacer y cuáles han sido mis progresos, para verificarlos’”.

 La gigantesca maquinaria que habría que poner en marcha recuerda al descafeinado protocolo de Kioto que expira en 2020, el único tratado internacional vinculante sobre emisiones que ha habido hasta la fecha, pero esta vez sin sanciones y sin saber aún quién verificará que los países firmantes cumplen. Eso es lo que también habrá que decidir el próximo mes de diciembre en Francia. De no fijarse obligaciones claras para todos,  “será algo así como una Organización Mundial del Comercio, en la que cada cual informa de lo que hace, pero si no cumple, al final no pasa nada”, critica Blavier, de Greenpeace.

No se puede olvidar además que el acuerdo peruano mantiene el principio de “responsabilidad común pero diferenciada” entre los países industrializados y los demás, incluido en 1992 cuando se inventaron estos encuentros bajo el paraguas de Naciones Unidas. Y aquí hay un nuevo escollo, porque en este abultado paquete de Estados del Sur, que no pueden pagar lo que costará limitar en 2 grados el aumento de temperatura del planeta hasta finales de siglo, también está China.

El que ya es el mayor contaminante del planeta abrió la puerta hace dos meses, por primera vez, a poner tope a sus emisiones en el horizonte de 2030, un paso importante. La paradoja es que Pekín sigue jugando en paralelo la baza de país emergente, o sea, con menor responsabilidad por el aumento de emisiones que los países ricos, sobre todo Estados Unidos, su principal competidor mundial y la otra pieza clave para alcanzar un acuerdo contra el cambio climático. Y en ese escenario, cada uno de estos dos gigantes va haciendo movimientos respecto a la obligación de fijar objetivos.

La embajadora de la cita francesa, elegida para el cargo también por romper con los eufemismos clásicos de la diplomacia gala, reconoce que “Estados Unidos ya ha dicho que no puede aceptar un acuerdo vinculante, sino más bien un acuerdo de procesos, con propuestas que sean cada vez más ambiciosas. China sin embargo tiene una posición menos definida, tiene menos problema con que el texto sea vinculante, pero quiere, evidentemente, que EE UU esté en el pacto. Así que ya veremos, no puedo decirle hasta qué punto habría un equilibrio entre ambas posiciones. En cualquier caso, sí está claro que países como Estados Unidos o Nueva Zelanda tienen una posición muy clara de no dar sus cifras”. 

 Una “síntesis” de los progresos de cada país deberá estar lista para el próximo mes de noviembre, solo 30 días antes de la cumbre parisiense. Algo tarde para que la cita arranque con una evaluación de dónde está cada cual y a qué está dispuesto.

 

Lima llama a la acción

Estos son algunos de los compromisos adoptados en la ‘Llamada a la Acción de Lima’, la declaración de intenciones de las 196 partes participantes en las negociaciones adoptada durante la cumbre peruana:

Confirma que la Conferencia de las Partes en su 21 sesión adoptará un protocolo, o instrumento legal o resultado acordado, legalmente vinculante, bajo la Convención aplicable a todas las partes.

Señala el compromiso para alcanzar un acuerdo ambicioso en 2015 que refleje el principio de responsabilidad común pero diferenciada, en función de las diferentes circunstancias nacionales. 

Urge a los países desarrollados a aportar y movilizar apoyo financiero a los países en desarrollo, con el objetivo de tomar acciones ambiciosas de mitigación y adaptación, especialmente respecto a aquellas partes particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático; Y reconoce el apoyo adicional de otras partes.  

Decide que el grupo de trabajo ad hoc de la plataforma de Durban intensificará su trabajo con el fin de preparar un texto de negociación para alcanzar un protocolo o instrumento legal o resultado acordado, legalmente vinculante, bajo la Convención aplicable a todas las partes, antes de mayo de 2015.

Acuerda que cada una de las partes prevé una contribución nacional hacia la consecución de un acuerdo que logre los objetivos de la Convención.

Acuerda que los países desarrollados y los pequeños Estados insulares aportarán información sobre sus estrategias, planes y acciones para lograr la reducción de gases de efecto invernadero que reflejen sus especiales circunstancias.

Reitera la invitación a todas las partes para comunicar sus contribuciones nacionales con mucha antelación de cara a la 21 Conferencia de las Partes (en el primer trimestre de 2015 para aquellas partes que puedan hacerlo) de forma que facilite la claridad, la transparencia y la comprensión de las contribuciones nacionales.

Acuerda que la información que aportarán las partes sobre sus compromisos nacionales, para facilitar la claridad, transparencia y comprensión, incluirá información cuantificable sobre su punto de referencia (incluyendo un año base), un calendario y / o periodo de implementación, el alcance y cobertura, así como los procesos y la metodología, incluyendo una estimación y cuantificación de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero.

11 meses para saber qué esfuerzo hará cada país

La máquina diplomática del clima de cara a la cumbre de París ya está en marcha. El presidente francés, François Hollande, se encargó de dar el pistoletazo de salida el pasado 31 de diciembre, al felicitar el año. “2015 será un año esencial para el planeta”. Lo cierto es que la capacidad de influencia del país anfitrión para alcanzar un acuerdo será limitada en unas negociaciones que dependen de 194 países. Y más ahora que Europa ha quedado debilitada por la crisis y con ella las ambiciones ambientales de los Veintiocho. Cuando de verdad arrancará el trabajo hacia París será en Ginebra, del 8 al 13 de febrero. Allí está previsto que las partes negociadoras se reúnan para debatir sobre el documento de compromisos de cada Estado que debe estar listo antes del 1 de marzo para aquellos que puedan.  Más adelante, el 31 de mayo, deberá estar a punto un borrador de texto que puedan analizar los 196 países.

La idea es que ese documento sirva como base para la reunión que tendrá lugar en Bonn (Alemania) del 3 al 14 de junio. En esa cita se hará un primer balance sobre el momento en el que se encuentren las negociaciones de cara al futuro acuerdo. Más adelante, durante el segundo semestre, está previsto que se celebre una última sesión en un lugar aún por definir, antes de que el 1 de noviembre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático evalúe los compromisos de todos los países. 

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