Los ciudadanos toman la palabra

Sud’eau2 facilita que la población y los diferentes agentes participen en la gestión unitaria del agua.

La Directiva Marco del Agua especifica que para un desarrollo exitoso de la misma es necesaria la participación ciudadana en los procesos de planificación, con el objeto de minimizar actuaciones tecnocráticas y mejorar la aceptabilidad e integración social de la planificación. La Directiva es la que marca el camino pero luego proyectos como Sud’eau2 son los que demuestran la operatividad y el desarrollo de los principios marcados.

El agua, con la Directiva Marco del Agua (DMA), pasa de ser considerada un simple recurso a contemplarse como el factor clave para la conservación de los sistemas vivos asociados a la misma, y en consecuencia, un elemento esencial para el mantenimiento de la calidad de vida.

Con la DMA se pretende establecer un marco para la protección de las aguas continentales, las aguas de transición, las aguas costeras y las aguas subterráneas. Busca prevenir el deterioro adicional, la protección y mejora de los ecosistemas acuáticos así como los ecosistemas terrestres dependientes. Igualmente promueve los usos sostenibles del agua, la protección y mejora del medio acuático, la reducción de la contaminación de las aguas al tiempo que garantiza el suministro suficiente de agua, entre otros.

En este sentido, la propia Directiva establece un propósito ambiental claro: para el año 2015 debe haberse alcanzado el buen estado de los ecosistemas acuáticos de todos los países de la Unión, para lo cual será preciso desarrollar y aplicar planes de gestión que garanticen este objetivo.

Demarcación hidrográfica

La aplicación práctica de la DMA supone todo un reto para los Estados miembros de la Unión Europea y resulta necesaria una aplicación homogénea y lo más coordinada posible, de forma que los Estados miembros y la propia Comisión Europea interpreten de la misma forma sus preceptos.

Para esta aplicación la DMA establece la “demarcación hidrográfica” como unidad principal a efectos de gestión, definida como la zona marítima y terrestre compuesta por una o varias cuencas hidrográficas así como las aguas subterráneas y costeras asociadas. Los Estados miembros deben especificar todas las cuencas hidrográficas situadas en su territorio e incluirlas en demarcaciones hidrográficas. Las cuencas hidrográficas que se extiendan por el territorio de más de un Estado se incorporarán a una demarcación hidrográfica internacional http://www.directivamarco.es/.

Carácter público

Roberto Ruiz Robles, presidente de la Asociación de Ciencias Ambientales, en su artículo “La custodia fluvial como gestión participativa de los recursos hídricos. El caso del proyecto río Henares” recogido en iagua, comenta que “la Directiva Marco del Agua especifica que para un desarrollo exitoso de la misma es necesaria la participación ciudadana en los procesos de planificación, con el objeto de minimizar actuaciones tecnocráticas y mejorar la aceptabilidad e integración social de la planificación”.

Siguiendo con la reivindicación de Ruiz Robles, en el documento “Más Claro, Agua. Una visita guiada a los principios de la Directiva Marco del Agua”, editado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) también se reclama que se debe abrir la gestión de la aguas a toda la sociedad. Pasar de una gestión en la que sólo tienen la palabra algunos de los actores tradicionales (autoridades, técnicos, grandes usuarios…) a otra en la que, por fin, se toma conciencia del carácter público de la misma, incorporando en su planificación a consumidores, ciudadanos organizados, personas afectadas, etc.

Según el documento del MAGRAMA, el agua se debe gestionar teniendo en cuenta a todas las partes implicadas y a todas las personas interesadas. Se tienen que lograr compromisos colectivos en la gestión del agua que compartan responsabilidades y mejoren la gestión. Para ello hay que evitar conflictos o resolverlos a través del diálogo y dotar de una mayor solidez y apoyo social a la gestión del agua, mejorando su gobernabilidad.

Abrir el abanico

Tradicionalmente la gestión del agua ha sido protagonizada por un conjunto limitado de sectores: gobiernos e instituciones responsables, comunidades de regantes, hidroeléctricas y grandes empresas de abastecimiento.

En un futuro estas prácticas se deberían generalizar e incluir dentro de los instrumentos de planificación hidrológica y directrices de la legislación europea.

La Directiva Marco del Agua, asumiendo que el agua es un asunto público que a todos nos concierne, abre el abanico de las partes interesadas, incluyendo también a trabajadores, empresarios, agricultores de secano y regadío, consumidores, ecologistas, afectados por infraestructuras, ciudadanos organizados y público en general.

Es decir la implantación de esta Directiva supone pasar a un modelo de gestión basado en la participación ciudadana proactiva, tal y como exige la actual legislación vigente. Esta participación se tiene que implementar desde el inicio de la planificación y no reducirse al final de los procesos, como se ha venido haciendo en los procedimientos de información pública.

Para ello es preciso que la ciudadanía, especialmente los colectivos y organizaciones sociales interesadas, dispongan del tiempo, los espacios y los medios necesarios para poder involucrarse en el proceso de planificación que suponen estos planes. Sólo así la ciudadanía podrá recorrer todas las etapas necesarias para la realización del Plan de Cuenca: elaboración del diagnóstico de partida, determinación de objetivos y diseño del llamado Plan de Medidas.

En definitiva, los Planes de Cuenca tendrán que ser el fruto de un gran acuerdo social, en el que toda la sociedad se implique para definir cómo tienen que gestionarse los sistemas hídricos. Evidentemente todo ello tiene que ir acompañado de una administración transparente y de una mejora de la educación de la sociedad sobre el tema.

Precisamente el proyecto Sud´eau, en sus dos ediciones, ha puesto en marcha y ha demostrado la idoneidad y factibilidad de trabajar los objetivos de la Directiva Marco del Agua dando protagonismo a las personas y entidades locales que conviven con los ríos. Porque la generación de un mayor conocimiento, el planteamiento de acciones y sobre todo la obtención de resultados de mejora hacia una gestión más sostenible del agua y de los ríos, sólo es posible fomentando los criterios de corresponsabilidad.

Según Eva García Balaguer, responsable del Programa del Agua en el Centro de Recursos Ambientales de Navarra (CRANA), en Sud´eau2 “podemos decir que la experiencia ha sido muy positiva, desde las entidades locales se valora la aportación de estos proyectos y estas metodologías, y desde la ciudadanía hemos tenido un éxito por encima de lo previsto en actividades que dan a conocer y redescubrir el río, sus características, sus valores y sus necesidades de mejora”.

 

Buen referente

El proyecto Sud´eau, tanto en su primera como en la segunda edición, auspiciado por la Unión Europea, se ha convertido en un referente y paraguas adecuado para proseguir en el trabajo de mejora de nuestro entorno natural con respecto al agua. Comenta García Balaguer que “es difícil decir si es el mejor, pero de lo que sí estamos convencidos es que se ha convertido en un referente sobre el que las entidades locales pueden demandar la continuidad y bondad del enfoque y de las metodologías desarrolladas”. Balaguer insiste en que los objetivos de la DMA son ambiciosos y con la labor realizada por todos en estos proyectos se ha marcado un camino posible a seguir. Por eso desea que “en un futuro estas prácticas se deberían generalizar e incluir dentro de los instrumentos de planificación hidrológica y directrices de la legislación europea”.

Después de las dos ediciones de Sud’eau se ha generado un interés creciente sobre estos temas y desde los territorios se demanda una mayor acción.

Después de las dos ediciones de Sud’eau se ha generado un interés creciente sobre estos temas y desde los territorios se demanda una mayor acción. Los problemas y necesidades de mantener unos sistemas hídricos con suficiente calidad, son la base de muchas de las dificultades que después encuentran para el desarrollo social y económico de las comunidades y las personas que viven en el entorno de los ríos. Además cada vez son más concientes de la biodiversidad, las inundaciones y el abastecimiento, entre otros, fruto de los usos del agua.

Eva García comenta que “se ha conseguido cambiar la mirada ampliando el campo de visión a través de un enfoque más integral en un micro espacio, donde se ha fomentado la practicidad y la sinergia de recursos, que sin duda pone las bases para una mejora más global”.

Sin duda la aprobación en el año 2000 de la DMA ha sido un hecho fundamental para el desarrollo de este y otros proyectos. En ella se refleja un cambio de enfoque y unos principios novedosos al mismo tiempo que se plantea un reto ambicioso, como es la consecución del buen estado ecológico de los ríos europeos.

Asegurar la información.
Al fomentar la información y la participación de la población se consigue dar una respuesta unitaria a la gestión del agua de los ecosistemas.

Para la responsable del Programa del Agua en CRANA, “la Directiva es la que marca el camino pero luego estos proyectos son los que demuestran la operatividad y el desarrollo de los principios marcados. Un elemento fundamental que marca la Directiva Marco del Agua y que hemos intentado aplicar en todos los proyectos desarrollados en el programa Sud’eau, es el de la participación ciudadana. Asegurar la información y fomentar la participación de la población y los diferentes agentes, con el fin de dar una respuesta unitaria a la gestión del agua de los ecosistemas, ha sido el eje común en todas las experiencias de referencia llevadas a cabo”.

Luis Guijarro

L.G.

 

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