Son muchos los productos de limpieza de uso frecuente en los hogares que contienen sustancias químicas contaminantes y potencialmente peligrosas que contribuyen a la degradación ambiental y que pueden ser una amenaza para nuestra salud, ya que su uso puede provocar alergias, irritaciones, asma, dolores de cabeza, naúseas…
Entre estos productos potencialmente peligrosos están la lejía, el antical, los detergentes, refrigerantes, desinfectantes, desatascadores, limpiadores de vajillas, cristales y suelos… Si en la etiqueta hay un símbolo de color naranja con alguno de estos epígrafes: “explosivo”, “comburente”, “inflamable”, “irritante”, “nocivo”, “tóxico”, “carcinógeno”, “corrosivo”, “peligroso para el medio ambiente”…
Para reducir el uso de estos productos y sus efectos basta con:
1. Usar la mínima cantidad de producto.
2. Rechazar los productos que contengan cloro, fosfatos y tensoactivos químicos.
3. No emplear aerosoles con propelentes que afecten a la capa de ozono.
4. Adquirir productos ecológicos y con envases reciclables. Emplear bayetas, detergentes y bolsas de basura reciclables, en cuya fabricación no se daña al medio ambiente.
5. Utilizar recetas naturales. Con agua, vinagre y jabón se limpia toda la casa. El esparto sigue siendo un buen estropajo. Si la suciedad está incrustada o necesitamos rascar, recurre al zumo de limón, bicarbonato o bórax.