Almudena García Álvarez es licenciada en Ciencias Ambientales, especialista en Derecho Ambiental y combina la dirección del Instituto de Turismo Responsable (ITR), organismo independiente asociado a la UNESCO cuya finalidad es promocionar y aplicar acciones y programas de desarrollo sostenible en el ámbito turístico, con su labor como auditora jefe para diversas entidades en materia de sostenibilidad, calidad y medio ambiente.
Una aproximación económica al turismo sostenible
Partiendo de la base de que por “sostenible” debemos entender, entre otras cosas, “perdurable”, voy a realizar una pequeña aproximación de corte economicista a esta materia (dado que la economía parece ser el motor que gobierna el mundo…) en lugar de entrar a valorar otros factores de tipo ético, que a veces, por desgracia, no terminan de ser lo suficientemente convincentes para todos los actores implicados. Mi objetivo es presentar la sostenibilidad como “necesidad” más que como una buena práctica a seguir sólo por aquellos que se consideren responsables.
En el sector industrial a nadie se le ocurriría depender de la enajenación de sus activos inmovilizados (fábricas, terrenos, maquinaria…) para garantizar el futuro de sus operaciones. En otras palabras, no parece tener sentido desguazar la fábrica y venderla pieza a pieza si lo que se pretende es seguir produciendo. Los activos inmovilizados del sector turístico, desde un punto de vista global, contendrían aquellos recursos en los que se sustenta la actividad: las playas, la fauna, la vegetación, el paisaje, los elementos culturales, las costumbres… Entonces, ¿por qué no somos capaces de comprender que sin la conservación de estos elementos nuestra actividad económica turística no puede perdurar?
En palabras de la OMT (Organización Mundial del Turismo), el turismo sostenible es aquel que “atiende a las necesidades de los turistas y de las regiones receptoras, y al mismo tiempo protege y fomenta las oportunidades para el futuro. Se concibe como una vía hacia la gestión de todos los recursos de forma que puedan satisfacerse las necesidades económicas, sociales y estéticas, respetando al mismo tiempo la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas que sostienen la vida” Así pues, pretende:
Estos tres objetivos están además interconectados, porque para poder satisfacer a nuestros visitantes, y más en los tiempos de fuerte competencia en que nos movemos, necesitamos ofrecer cada vez más y diferenciarnos mejor. Un tipo de turismo que ofrece el valor de la autenticidad como bandera, basado en recursos conservados y no artificializados; en poblaciones satisfechas y por tanto acogedoras con el visitante porque no ven peligrar su entorno; en el conocimiento y el respeto como fuente de experiencia mutua, es sin duda el tipo de turismo llamado a permanecer. Desde un punto de vista estratégico, la ventaja competitiva derivada de la aplicación de estos principios es incuestionable para la actividad turística en sí, pero desde el punto de vista humano, supone también hacer del turismo una vía de conocimiento, desarrollo y entendimiento entre los pueblos.