Más oportunidades que riesgos
DesafÃos y negocio. El binomio empresas-calentamiento global ya ha descubierto que es compatible. La carrera hacia un nuevo modelo de gestión ambiental ha comenzado.
El calentamiento global, la crisis ambiental, ya no es un asunto de cientÃficos. De los análisis de técnicos y expertos ha saltado a las cumbres polÃticas, al ámbito económico y a la esfera social. Los medios ya no hablan del agujero en la capa de ozono, sino de la necesidad urgente de un cambio radical en nuestro modelo de desarrollo. Un cambio que afectará a todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Y el motor económico que mueve al globo, el entramado empresarial y el sistema financiero internacional, no son una excepción.
Se acercan regulaciones sobre emisiones y ecotasas, nuevos marcos legales, se agotan recursos que se daban por supuestos y los fenómenos climáticos son cada vez más extremos. Una serie de riesgos e interrogantes que convierten a las empresas más preparadas ante los efectos del cambio climático en las más apetecibles para los inversores.
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Inversores que, cada vez más, reclaman información concreta, contrastada y homogénea sobre cómo van a convertir las compañÃas estos riesgos en oportunidades, bien mejorando su eficiencia, apostando por nuevos modelos de negocio o reduciendo su dependencia del carbono a través de una apuesta por las renovables.
Las empresas han de adaptarse a un nuevo sistema productivo más sostenible, y los cambios asociados a este proceso –incluyendo los paquetes de estÃmulo verde a la economÃa o los nuevos marcos regulatorios– implican, no sólo esfuerzo y trabajo, sino un sinfÃn de oportunidades de negocio. Las empresas se visten de verde, y esta vez no sólo porque sea el color de dólar, sino porque es el color del futuro.
La senda de las más grandes
Recientemente, el informe Climate Change Compass:The road to Copenhague (La brújula del cambio climático: el camino a Copenhague), realizado por EIRIS, analizaba a las 300 mayores empresas del Ãndice FTSE All World (incluidas cinco españolas) y concluÃa que más de un tercio no están enfrentando los riesgos vinculados al cambio climático, aunque la calidad de la gestión ha mejorado. Progresamos, pero hay que hacerlo mucho más rápido. Entre las buenas noticias, destaca que el 99% de las compañÃas con un impacto alto o muy alto sobre el cambio climático ya ha adoptado compromisos con respecto a éste (frente al 84% de 2008), y que tres de cada cuatro empresas han incluido en sus polÃticas referencias a los objetivos internacionales, las nuevas regulaciones o las reclamaciones cientÃficas.
Por otra parte, la séptima convocatoria mundial de Carbon Disclosure Project (CDP), un estudio que analiza cómo evalúan las empresas los riesgos y oportunidades derivados del cambio climático y qué medidas toman para adaptarse a los mismos, ha batido su récord de participación con más de 1.800 empresas. En el contexto de crisis financiera mundial, la necesidad de una gestión de riesgos apta y transparencia en la información se afianzan como activos fundamentales a la hora de aportar valor a las compañÃas.
En representación de 475 inversores institucionales con activos por valor de más de 36 billones de euros, la ONG CDP ha logrado, a través de su encuesta, crear el que es el principal estándar para la transparencia corporativa en materia de cambio climático. Destaca el incremento en la participación de empresas procedentes de economÃas emergentes –China, Corea, Sudáfrica…– y la incorporación de Rusia, Europa del Este y Central, Irlanda y Portugal.
Además, se ha publicado el primer informe europeo, que proporciona información sobre las medidas adoptadas por las 300 mayores empresas cotizadas del continente. Y la información que se proporciona, cada vez es más utilizada. En la actualidad, CDP trabaja con más de 55 entidades (Dell, Unilever, Walmart, el gobierno británico…) midiendo y evaluando los riesgos y oportunidades que presenta el cambio climático. Mientras la regulación avanza hacia una reducción de emisiones obligatoria –o al menos se aproxima la obligación de informar sobre ellas– caso de EE UU y Reino Unido, CDP ayuda a las empresas a prepararse para cumplir los futuros requisitos, no tan lejanos.
De momento, junto con Deloitte, Ernst&Young, KPMG y PricewaterhouseCoopers y a través de Climate Disclosure Standards Board (CDSB), CDP está intentando desarrollar un sistema global estandarizado para contabilizar las emisiones.
Otro de los informes elaborados por CDP, The carbon chasm (El abismo del carbono), realizado con datos de las 100 mayores empresas del mundo, destaca que muchas han permanecido a la espera de los resultados de la COP15 de Copenhague antes de fijarse objetivos de reducción de emisiones a largo plazo. Según el informe, el 73% de las empresas estudiadas se han fijado objetivos de reducción de emisiones, en la mayorÃa de los casos en función de factores empresariales: ahorro de costes, estÃmulo a la innovación, mayor eficiencia, preparación frente a futuras normativas… En el 89% de los casos se trata de objetivos anuales, el 84% se han fijado planes hasta 2012, pero sólo cinco lo han hecho hasta 2020 y una para 2030.
El estudio concluye afirmando que, para lograr una reducción global del 80% de las emisiones en 2050, las empresas deben lograr una del 3,9% anual, mientras que ahora rondan el 1,9%, por lo que no alcanzarÃamos ese recorte hasta 39 años más tarde de lo previsto.
La situación en España
A España llegó primero el FTSE4Good Index, luego el Consejo Estatal de RSE, es el paÃs con mayor nú¬mero de empresas que informan según las pautas del Global Reporting Initiative… Y desde 2008, la Fundación EcologÃa y Desarrollo y varias empresas españolas –cuatro de las mayores entidades financieras españolas respaldan el proyecto– trabajan para extender la iniciativa de CDP. En esta 2ª edición, 36 de las 85 mayores empresas cotizadas españolas –responsables de un 38% de las emisiones de CO2 en España – han respondido la encuesta, frente a las 23 de 2008. Destaca la mayor cantidad de información aportada y el activo compromiso de siete de las que se incorporan a CDP.
El 88% de estas compañÃas ha identificado riesgos relacionados con el calentamiento global que pueden afectar a su negocio: porque afectan a la disponibilidad de ciertos recursos naturales, por posibles cambios regulatorios… Mientras que en 2008 sólo lo hizo un 60%. Los sectores eléctrico y financiero son los que más han progresado a la hora de valorar y cuantificar estos riesgos, volcándose en planes de eficiencia energética.
El 94% de estas compañÃas ya ha identificado oportunidades ligadas a los requisitos precisos para afrontar el desafÃo del cambio climático –ahorro energético, implantación de nuevas tecnologÃas, innovación, desarrollo de nuevas lÃneas de negocio, incremento de la eficiencia y otras medidas– frente al 88% de hace un año.
Para la mayorÃa, este proceso supone un reto que les lleva a transformar su dirección estratégica y su evolución hacia un sistema más eficiente, modificando incluso la visión de sus productos y servicios. En este aspecto, el sector financiero ha sido de nuevo uno de los primeros en ver las implicaciones y los cambios que éstas suponen para su negocio, lo que ha favorecido el tÃmido desarrollo de la inversión socialmente responsable en España.
El reto de medir, verificar y recortar
Los balances económicos de las empresas cotizadas se hacen públicos con pulcra regularidad, pero pesar, medir y cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero y hacerlas públicas resulta mucho más complicado. Aunque en 2009 el 86% de las empresas encuestadas mide y proporciona información sobre sus emisiones directas, y un 80% lo hace también de las indirectas, producidas principalmente por el consumo eléctrico, no está del todo clara la calidad de estos datos. Al no existir una medida de emisiones universal, ésta suele variar según el tipo de actividad: el 48% ha empleado el estándar GHG protocol, el 16% el ISO 14064 y el 12% emplean metodologÃas propias. El resto, emplean recomendaciones de muy diversa procedencia.
En lo referente a la verificación de las emisiones, el 83% de las empresas de esta edición (un 3% más que en la anterior) pasa una revisión que realiza una tercera parte independiente, aunque ésta es limitada en un 63% de las empresas (el auditor simplemente certifica que la información es acorde con alguna norma nacional o internacional).
En el lado bueno de la balanza, el 77% ya ha implantado planes de reducción de emisiones a través de modernización de maquinaria o tecnologÃa, generación de energÃa para autoabastecerse a partir de renovables… Otro 13% está desarrollando o implantando esos planes en la actualidad.
Sin embargo, hasta ahora sólo un 27% ha logrado recortes efectivos. Tal vez este fallo, se deba a la falta de planificación y cuantificación a la hora de fijarse objetivos: sólo un 63% establece objetivos cuantitativos, y de ellas el 60% lo hace a muy corto plazo (uno o dos años). El 20% ha fijado sus metas para el año en que expira Kioto y otro 20% lo ha hecho de cara a diez años o más.
A pesar de la mayor implicación y compromiso con respecto a la pasada edición, el porcentaje de empresas que han logrado recortes de emisiones ha caÃdo del 43,5% al 27,7%.
Esto provoca un desajuste con el ritmo recomendado por los cientÃficos para alcanzar la meta del -80% en 2050, ya que con la actual tendencia, para las empresas estudiadas el recorte es del 2,03% anual, lo que nos harÃa llegar a la meta con 37 años de retraso.
Sin embargo, si nos salimos de esta muestra y atendemos a las 85 mayores empresas españolas, la situación es mucho más grave: las emisiones crecen un 2,78% anual.
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