
El acto cotidiano, presente en nuestras vidas y cada vez más extendido, de arrojar en unos recipientes establecidos en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades los desechos de nuestro consumo facilita que estos residuos, convenientemente tratados, puedan entrar en el ciclo de consumo sin necesidad de que se haya tenido que recurrir a las materias primas.
Y para esta finalidad hay dos procesos. Uno de ellos es el llamado ciclo del reciclaje, y el otro, el de retorno. La recuperación del vidrio forma parte ya de un proceso social y económico que contribuye a la mejora del medio ambiente, a la lucha contra el cambio climático y al establecimiento de una actividad empresarial generadora de puestos de trabajo.
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