Los grupos, asociaciones y cooperativas de consumo agroecológico son experiencias que involucran a un número relativamente reducido de personas, pero que están demostrando que es posible otro modelo de consumo. Se trata de colectivos que agrupan a gente de una misma ciudad o barrio para llevar a cabo un consumo alternativo, ecológico y solidario con el mundo rural.
Â
Vienen a ser la plasmación de la relocalización de la alimentación y del establecimiento de relaciones directas entre consumidor y productor. Los grupos suelen garantizar, mediante acuerdos con los productores, precios estables todo el año, beneficiando a consumidores y agricultores que dejan de depender de las fluctuaciones del mercado. Las cooperativas mantienen tan sólo un margen mÃnimo de beneficios para permitir el mantenimiento de la estructura. Adquieren sobre todo productos agrÃcolas pero también es posible comprar productos de higiene personal, cosmética, limpieza e incluso bebidas alcohólicas.
Desde el año 2000 han aumentado exponencialmente debido, por un lado, a esa vuelta a lo local derivada del auge de la antiglobalización, y por otro, a la progresiva toma de conciencia de los impactos negativos del actual modelo agroalimentario tanto en la salud como en el medio ambiente. Cada vez nos preocupa más qué comemos, cómo se ha elaborado y de dónde viene.
En la actualidad se calcula que en Cataluña hay al menos 40 colectivos; mientras que en AndalucÃa la Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos y Artesanales (FACPE), agrupa a las asociaciones históricas andaluzas más representativas (El Encinar, La Breva, La Ortiga, El Zoco, Almocafre) y algunas más recientes (SerranÃa Ecológica, La Borraja…). También hay un ingente número de ellas distribuidas por la capital madrileña y municipios cercanos.
Difieren enormemente en materia organizativa y de comercialización. Las hay formadas sólo por consumidores y que integran a consumidores y productores. En el caso de estas últimas hay algunas como la madrileña Bajo el Asfalto está la Huerta! (BAH!), inspirada en el modelo de las asociaciones históricas andaluzas, y que se basan en un compromiso estable por el que el consumidor garantiza anticipadamente la compra total de la producción. Formadas sólo por consumidores están la mayorÃa de las catalanas, además de otras como Landare (Pamplona, multiplicó por 40 su número de socios en 17 años y hoy cuenta con 800 familias mientras que unas 4.000 personas compran sus productos), Bio Alai (Vitoria, unas 650 familias), La Llavoreta (Valencia), Arbore (Vigo)…
También varÃan los formatos de compra. Existen agrupaciones en las que se paga una cuota mensual por una cesta estándar cerrada y otras que ofrecen cestas abiertas, donde periódicamente (normalmente cada semana) se pide lo que se necesita. Muchos de estos grupos y cooperativas tienen alguna tienda abierta al pública, abierta también a los que no son socios. La cooperativa cordobesa de Almocafre, perteneciente a la Federación Andaluza de Consumo de Productos Ecológicos (FACPE), por ejemplo, comercializa más de 1.800 referencias de productos ecológicos que socios (con un descuento del 5%) y clientes puntuales pueden comprar en el establecimiento o a través de su página web.
Por otra parte, varias organizaciones de comercio justo han empezado a incluir en sus tiendas productos agroecológicos y a promover grupos de consumo. Es el caso de muchas de las organizaciones de la red del Espacio por un Comercio Justo.
Los alimentos importan: la iniciativa británica
El comité estratégico del Consejo de Ministros del Reino Unido hizo público en julio de 2008 el informe Food Matters. Towards a Strategy for the 21st Century. En él se revisan las tendencias generales de producción y consumo alimentario en Reino Unido, analizando sus repercusiones sobre la economÃa, la sociedad y el medio ambiente y poniendo de relieve la necesidad de crear un marco polÃtico para el sector alimentario, el principal sector productos del paÃs –la cadena de producción y abastecimiento de alimentos y bebidas representa un 7% del PIB británico y emplea a 3,7 millones de personas–.
Las cifras del informe hablaban alto y claro. Mientas unas 70.000 personas mueren prematuramente cada año en Reino Unido por causas relacionadas con una dieta poco sana, la producción y el consumo de alimentos están vinculados con un 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero del paÃs. De ahà la urgencia de un sistema alimentario más sostenible y la necesidad de conseguir unos precios mas justos, una mejor selección de productos, una mejor accesibilidad a los mismos, una mayor seguridad alimentaria y una transición hacia dietas más saludables.
El Gobierno británico se propuso lograr la implantación de este sistema alimentario sostenible y seguro para 2030 y creó la guÃa Food2030, un documento destinado a ayudar a consumidores, productores de alimentos, agricultores, pescadores, comercios y gobiernos locales a tomar las decisiones acertadas para lograr esa meta.
Las metas británicas Food2030:
1. Animar a la población para que adopte unos hábitos alimentarios más sanos y sostenibles.
2. Asegurar un sistema alimentario inteligente, beneficioso y competitivo.
3. Aumentar la sostenibilidad en la producción de alimentos.
4. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema alimentario.
5. Reducir, reutilizar y reprocesar los desechos alimentarios.
6. Mejorar la aplicación de las prácticas, los conocimientos, la investigación y la tecnologÃa.