No consuma compulsivamente. Asegúrese de que necesita lo que a comprar.
Impulse el comercio justo que, basado en unas relaciones comerciales equitativas, impulsa procesos de producción respetuosos con el entorno cultural y medioambiental.
Apueste por lo natural, reciclable y ecológico.
Rechace los productos con embalaje excesivo o innecesario (como las populares bandejas de corcho blanco), así como el uso de bolsas de plástico. Evite los envases de un solo uso y opte por el vidrio retornable.
Fomente el comercio local. Contribuirá a reducir las emisiones de CO2 debido a la reducción de emisiones ligada al transporte de productos.
Evite los transgénicos y vigile el exceso de plaguicidas, hormonas, conservantes y aditivos.
Consuma frutas y verduras de temporada. Ofrecen el mejor aporte nutricional (en el momento de su recolección mantienen intactas todas sus propiedades), suelen ser los más económicos y su consumo ayuda a evitar la implantación de monocultivos intensivos que agotan la tierra.
Elija especies pescadas con artes selectivas, locales o procedentes de caladeros explotados de forma sostenible, y evite los “pezqueñines” o inmaduros, además de la compra del langos¬tino tropical. Su cultivo en piscifactorías provoca la destrucción de manglares, contaminación y pérdidas económicas a la población local.