Aguas residuales, vertidos de hidrocarburos, plásticos, masificación del litoral, mala aplicación de las normas europeas… Sean dulces o saladas no son pocas las amenazas que afrontan nuestras aguas. Mientras el Mediterráneo se gana la etiqueta de mar más sucio del mundo, el cambio de hábitos de consumo de los ciudadanos y una aplicación seria y estricta de las normas por parte de las administraciones se configuran como las claves para que el futuro no sea negro, sino transparente.
“Hay que evitar que las aguas contaminadas lleguen a los ecosistemasâ€
Llega el verano y el calor hace que grandes y pequeños acudamos al auxilio del agua en busca de frescura. RÃos, lagos y playas se convierten en auténticos oasis.
Sin embargo, en ocasiones, la visita a estos lugares supone también una comprobación de cómo nuestra actuación sobre el territorio afecta a la calidad del ecosistema y con él, a nuestros rÃos y nuestras playas.
Aunque el estado de nuestras playas tiene aún recorrido de mejora por delante, la buena noticia es que sabemos lo que tenemos que hacer. La Unión Europea acaba de aprobar la Directiva Marco sobre Estrategia Marina, cuyo objetivo es conseguir el buen estado ecológico de las aguas marinas para el 2020, y ONG como Ecologistas en Acción o Greenpeace acaban de emitir también informes que, tras denunciar la situación, dibujan una interesante hoja de ruta por la que debemos caminar.
El problema, por lo tanto, está diagnosticado, y el camino para solucionarlo trazado. Sólo queda ponerse manos a la obra y en este caso, como en tantos otros, la ciudadanÃa tiene mucho que decir, asà que no lo olvidéis y disfrutad de un seguro que merecido descanso. Nos vemos en septiembre.
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