Empresas y viajeros se han adelantado a las instituciones y son ellos los que están poniendo de relieve la urgencia de una regulación que haga posible un turismo más responsable.

El consumidor decide. En su mano está la capacidad de elegir el producto, el supermercado, la opción más respetuosa y sostenible social y ambientalmente. Para elegir adecuadamente, eso sí, necesita información fiable, objetiva y transparente. Algunas iniciativas, como el proyecto Piensaenclima en el apartado ambiental, y el informe Checked out, en el social, contribuyen a facilitar al consumidor concienciado la labor de optar por empresas responsables, recompensándolas por su labor.
El consumo responsable posibilita el desarrollo de las poblaciones más desfavorecidas e introduce valores éticos, sociales y ecológicos, frente al modelo convencional en el que sólo priman los criterios económicos.
Los grupos, asociaciones y cooperativas de consumo agroecológico son experiencias que involucran a un número relativamente reducido de personas, pero que están demostrando que es posible otro modelo de consumo. Se trata de colectivos que agrupan a gente de una misma ciudad o barrio para llevar a cabo un consumo alternativo, ecológico y solidario con el mundo rural.
Son muchos los productos de limpieza de uso frecuente en los hogares que contienen sustancias químicas contaminantes y potencialmente peligrosas que contribuyen a la degradación ambiental y que pueden ser una amenaza para nuestra salud, ya que su uso puede provocar alergias, irritaciones, asma, dolores de cabeza, naúseas…
A partir de 2012, los 300 millones de gallinas que viven hacinadas en la explotaciones avícolas europeas atiborrándose de proteínas, volverán a jaulas amplias, con un nido donde cada una pueda poner sus huevos. A ello obligará una normativa europea, pero hasta entonces tenemos la posibilidad de, en el mismo supermercado, seleccionar un producto más sano y más respetuoso con los derechos de los animales. La clave se esconde en el código de la cáscara:
1. No usan ni fertilizantes, ni pesticidas químicos, ni aditivos, ni conservantes, ni potenciadores del sabor… Son más sanos y nutritivos.
Cada producto deja una huella social y ambiental. De ahí la importancia del papel que juega el consumidor. Productos locales, de temporada, agroecológicos, de comercio justo… ganan protagonismo día a día.
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